EL MILAGRO DE FRÓMISTA

Pedro Fernández de Teresa era un cristiano emprendedor, pero poco afortunado en sus aventuras. Pidió dinero prestado a un judío que vivía en la villa; sin embargo, no pudo devolver el préstamo en el plazo indicado y, por ello, el judío, llamado Matudiel Salomón, denunció al cristiano ante la autoridad eclesiástica, y ésta excomulgó al bueno de Pedro.

Cuando el cristiano se vio en esta situación, devolvió el dinero al judío, pensó tranquilo que ello era suficiente para levantar el castigo religioso, olvidó comunicar dicho pago para que le fuese levantada la excomunión.

Poco después, Pedro Fernández cae enfermo de gravedad y en mal estado debió de encontrarse, pues pidió confesión y comunión. A su domicilio se trasladó el sacerdote, Fernández Pérez de la Monja y tomó confesión del cristiano, efectuada la cual se procedió a darle la comunión. Sin embargo, misteriosamente y sin explicació alguna, la Sagrada Forma que le iba ser administrada al cristiano se quedo pegada a la patena sin que hubiera forma, ni divina ni humana, de que fuera despegada de allí. Extrañado ante lo anómalo de la situación, el cura pidió al cristiano que reflexionase a ver si se había olvidado de confesar algo. El caso es que el cristiano recordó todo el asunto del préstamo y la excomunión y que no había levantado ésta tras pagar el préstamo, lo cual fue comprobado por el sacerdote y levantada la excomunión se le pudo administrar la comunión, aunque con otra Forma, pues la primera jamás pudo despegarse de la patena, que se conserva aún, aunque sin restos de la Sagrada Forma, en el Museo Parroquial de la iglesia de S. Pedro.

Este milagro alcanzó una fama importante en la comarca, naciendo en torno a él una gran devoción popular y que fue tomado como argumento contra protestantes que negaban la transubstanciación del pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo.